Érase una vez un mundo en el que todos pensábamos que sería imposible volar, hablar con alguien a kilómetros de distancia o viajar a la luna. Todo esto ha cambiado gracias a la tecnología.

También pensábamos que las máquinas no serían capaces de traducir correctamente y hace mucho tiempo que estamos acostumbrados a ver ejemplos de traducciones literales como “Fabricado en Turquía”, traducido como “Hecho en pavo”.

Hoy en día todavía hay un montón de ejemplos graciosos; sin embargo, la mayoría de los motores de traducción automática han evolucionado y los resultados han mejorado mucho.

En casos tales como la documentación, con frases breves que consta de instrucciones inequívocas, la traducción automática puede ser útil, siempre y cuando haya un proceso de revisión y el texto se edite posteriormente. Ciertamente puede ayudar a ahorrar tiempo y dinero.

Sin embargo, hay casos en los que la traducción automática aún no tiene sentido. Textos de marketing con dobles significados, textos que muestran algún tipo de sentimiento o de sarcasmo, donde es difícil captar la verdadera intención del escritor, siguen siendo un desafío para la traducción automática. En estos casos, el editor probablemente tendría que pasar demasiado tiempo tratando de averiguar el significado de la traducción, volviendo al texto original y cambiando el resultado final.

La tecnología debe seguir ayundádonos a obtener buenas traducciones; sin embargo, para asegurarnos de que el resultado final es correcto, de momento tendremos que seguir haciendo una revisión final por un/a traductor/a humano/a.

El equipo de LocalizationLab