RETO:

Uno de nuestros clientes habituales es el departamento legal de una empresa del sector textil. Ya hace tiempo que trabajamos para ellos, porque nuestra fórmula de traductor y revisor experto en temas jurídicos o abogado, funciona muy bien.

Uno de los trabajos que nos pidieron era un texto de carácter técnico-legal. Técnico porque tenía mucha terminología del mundo del textil y legal, porque tenía un montón de referencias a regulaciones europeas.

El texto en cuestión era de un volumen considerable, casi 9.000 palabras, y se necesitaba en 12 idiomas.

Teníamos dos limitaciones importantes: el coste y el tiempo.

SOLUCIÓN:

Algunos meses antes habíamos hecho pruebas con traducción automática (TA). Al principio los resultados que obtuvimos no eran muy buenos. Si el resultado de la TA es malo, editarlo puede ser un proceso más largo que hacer una traducción “tradicional”. Últimamente, sin embargo, lo habíamos vuelto a probar con algún manual técnico. Esta vez fue mejor y recibimos buen feedback de nuestros revisores de la mayoría de las combinaciones idiomáticas que testeamos.

Por eso ofrecimos al cliente la opción de traducción automática + edición1 por parte de un experto, para seis de los doce idiomas. Gracias al ahorro de tiempo y dinero, el cliente escogió esta opción.

Los costes se reducían bastante. El trabajo de edición por parte del editor tendría que ser muy meticuloso, pero nuestros editores ya están acostumbrados a este tipo de trabajos y son buenos profesionales. Ganábamos tiempo y esto permitiría que el cliente recibiera las traducciones cuando las necesitaba.

La traducción era desde el inglés y los seis idiomas para los que utilizamos la TA fueron: alemán, francés, italiano, holandés, polaco y portugués.

Propusimos estos seis idiomas porque habíamos obtenido buenos resultados en pruebas preliminares.

Una vez tuvimos las 6 traducciones automáticas, pedimos a cada uno de los seis editores que puntuara la TA, que debían editar, del 1 al 10 (siendo 10 la más alta). Todos, menos el polaco, coincidieron en dar notas que iban del 7 al 8. ¡Un notable! no está nada mal.

La mayoría de los errores que encontraron fueron:

errores entre nombres y adjetivos compuestos,
errores de terminología específica y
errores de estilo.

Algunos de estos errores venían de pequeñas inconsistencias del texto original, es decir, una frase como “depending on the part covered by the PPE” y “depending on the body part covered by the PPE” (“dependiendo de la parte que cubre la PPE “y” dependiente de la parte del cuerpo que cubre la PPE “) fue traducida por los motores de la TA de manera muy diferente.

Parte del formato del original (texto marcado en rojo, por ejemplo) se perdió o no era correcto en la versión automática.

En concreto en portugués, la TA había escrito muchos términos según la antigua ortografía.

El revisor polaco puso un 3 sobre 10 al resultado que tuvo que editar, seguramente porque el motor de traducción automática que utilizamos no estaba suficientemente entrenado para este tipo de textos.

Está claro que, para determinadas combinaciones lingüísticas y temáticas la traducción automática tiene mucho sentido. Sobre todo, para textos bien estructurados, con terminología específica y con poca ambigüedad. De todos modos, siempre hay que contar con un buen equipo de editores profesionales, si se quieren conseguir buenos resultados.

En este caso, el cliente quedó contento de las 6 versiones que tradujimos con este mecanismo. Además, pudo recibir las traducciones un poco antes y a un precio más reducido.

Si tienes algún documento que crees que puede llegar a traducirse con TA, avísanos y evaluaremos si tiene sentido hacerlo de esta manera.

 

1 En estos casos no hablamos de revisión, porque el trabajo es un poco más complicado y requiere más tiempo y mucha atención a los detalles.

Autor LocalizationLab